Por David Kaimowitz, Director de Recursos Naturales y Cambio
Climático. Fundación Ford
4 de noviembre 2016
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático celebrada en París el año pasado, los gobiernos del mundo acordaron
trabajar para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de dos
grados Centígrados. El acuerdo trató de abordar un problema claro y urgente: En
los últimos 150 años, las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la
atmósfera han aumentado en un 40 por ciento. Dos veces más CO2 se agregó a la
atmósfera en los últimos cincuenta años que en los cien anteriores, poniendo
nuestro planeta en grave riesgo. El Acuerdo de París entró oficialmente en
vigor hoy, 4 de noviembre. Ahora viene la parte difícil: ponerlo en acción. Una
acción real significará quemar mucho menos combustibles fósiles como el carbón,
el petróleo y el gas. Pero el cambio de nuestros sistemas energéticos para
reducir la contaminación por carbono no es suficiente. Para cumplir con los
objetivos de París a tiempo, también tenemos que proteger y restaurar nuestros
bosques para que puedan capturar mucho más CO2 fuera de la atmósfera. Si no lo
hacemos, será prácticamente imposible reducir nuestro uso de combustibles
fósiles lo suficientemente rápido como para mantener nuestro clima estable. Es
fácil prever una situación en la que llegaremos a un punto de inflexión en el
que los cambios en el clima interactúan unos sobre otros en una espiral fuera
de control. De hecho, si seguimos aumentando los niveles de CO2 a la tasa
actual, alcanzaremos el umbral de dos grados en sólo 20-25 años. No podemos
permitir que eso suceda. Necesitamos ganar tiempo mientras cambiamos las
políticas, hacemos la investigación y hacemos las inversiones que pueden
detener y, en última instancia, revertir las crecientes temperaturas. Y ahí es
donde entran los bosques: Un estudio reciente del El Woods Hole Research Center
(WHRC) concluyó que si paramos la deforestación y logramos la restauración de
los bosques, podemos extender el plazo para abandonar los combustibles fósiles
en diez o quince años. Aún nos quedarían unas pocas décadas para la transición
de los combustibles fósiles a las renovables, pero el tiempo extra podría marcar
una diferencia real.
